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Ración Ya Magazine · Edición de marca

Seis bolsas que parecen la misma

Están una al lado de la otra en la góndola, con el mismo damero rojo en la esquina, y eso es casi todo lo que tienen en común. La diferencia entre ellas no es el precio: es para quién está pensada cada una.

Ni siquiera hablan todas del mismo animal: algunas son sólo para el perro, otras sólo para el gato y otras cubren a los dos, que es lo cómodo cuando en casa hay de las dos especies. Adentro de cada una la cosa se vuelve a abrir —cachorro, adulto y edad madura, razas chicas y razas grandes, el plato de todos los días y fórmulas para una necesidad puntual—, y ahí la pregunta deja de ser cuál es la mejor.

Nada de eso se ve desde el pasillo, así que esta edición empieza bastante antes: en la familia que inspiró el damero, en la empresa que lo dibujó y en lo que conviene mirar en una bolsa antes de levantarla del estante.

Por el equipo de Ración Ya · septiembre de 2026 · 22 minutos de lectura

La casa

Purina no es una marca. Es seis.

El damero rojo y blanco de la esquina es el mismo en las seis bolsas, y por eso se confunden. Pero Pro Plan, Dog Chow, Cat Chow, Excellent, Dogui y Gati no son versiones más caras o más baratas de lo mismo: cada una nació para responder una pregunta distinta.

Purina lleva más de un siglo haciendo alimento para animales, y en ese tiempo el catálogo se fue partiendo. Una línea para el que quiere afinar por etapa y tamaño, otra para el día a día, otra de venta veterinaria, otra pensada para el gato de casa. Elegir bien no es elegir la más cara: es entender de cuál de esas preguntas es la tuya.

Lo que sigue es la historia de esa casa, y más abajo las seis líneas, con lo que sirve para elegir entre ellas.

La historia

El damero salió de un recuerdo de infancia

Los cuadraditos rojos y blancos que hoy están en seis bolsas de tu góndola empezaron en una feria, y en una familia con demasiados hijos.

William Danforth, el fundador, se acordaba de una familia vecina, los Brown. Tenían tantos hijos que para no perderlos de vista en la Exposición Universal de St. Louis los vistieron a todos con la misma tela: un cuadrillé rojo y blanco. Funcionó. Desde lejos se sabía cuáles eran los Brown.

Danforth adoptó esa trama como distintivo de su empresa en 1902. La idea era la misma: que se reconociera de lejos, en una góndola llena. Más de ciento veinte años después sigue siendo lo primero que ve cualquiera que se para frente al estante.

El nombre vino del eslogan de la compañía en esa época, «Where purity is supreme» —donde la pureza es suprema—. De ahí Purina.

Robinson-Danforth, la empresa que después sería Purina, había sido fundada en 1894 y fue la primera del mundo en ofrecer alimento balanceado para animales.

En 1926 abrió el PetCare Center, donde todavía hoy viven más de mil perros y gatos.

Por recomendación del Hospital General de Massachusetts, los perros de las expediciones antárticas del almirante Byrd se alimentaron con Purina Dog Chow Checkers. La idea era sostenerlos en condiciones donde la comida fresca no existe y cada kilo que se sube al barco tiene que rendir.

Suena a anécdota, pero es el momento en que el alimento balanceado deja de ser una comodidad y pasa a ser una herramienta: si funciona a cuarenta grados bajo cero, funciona en cualquier lado.

  1. 1894 la primera empresa del mundo en hacer alimento balanceado para animales
  2. 1902 el año en que el damero pasó a ser el distintivo de la marca
  3. 1926 abre el PetCare Center, donde todavía hoy viven más de mil perros y gatos
  4. 1933 los perros de las expediciones del almirante Byrd comen Dog Chow en la Antártida

Fuente: purina.com.uy

La evidencia

Catorce años mirando comer a cuarenta y ocho labradores

Purina siguió a 48 perros de la misma raza desde los dos meses hasta que se murieron. La mitad comió un 25 % menos que su hermano de camada. La diferencia terminó siendo casi dos años de vida.

Casi todo lo que se dice sobre cómo alimentar a un perro es opinión o costumbre de casa. Probarlo implica mirar a los mismos animales hasta el final, y eso lleva más de una década. Purina lo hizo una vez, y el trabajo se publicó en 2002 en el Journal of the American Veterinary Medical Association.

El diseño es tan simple que casi molesta. Cuarenta y ocho labradores retriever de siete camadas, emparejados de a dos por sexo y por peso dentro de cada camada. A cada pareja se la partió al medio: uno comía a voluntad; el otro, el 75 % de lo que su compañero había comido el día anterior. Arrancaron a las ocho semanas de vida y siguieron así hasta morir.

El alimento era el mismo para los dos grupos. Misma fórmula, mismo plato. Lo único distinto era cuánto había adentro.

Los perros que comieron menos vivieron una mediana de 13 años. Los que comieron a voluntad, 11,2. La mediana es la edad a la que ya se había muerto la mitad del grupo, así que la diferencia —1,8 años, alrededor de un 15 %— no es la excepción del perro más longevo: es el centro de la distribución corrido casi dos años hacia adelante.

Y acá va el matiz que el propio trabajo aclara, y que conviene no saltear: el techo no se movió. La vida máxima —la edad a la que ya se había muerto el 90 % del grupo— fue de 12,9 años contra 14,0, y esa diferencia no alcanzó significación estadística. Comer menos no fabricó perros extraordinarios: corrió hacia adelante al perro promedio.

Lo que sí cambió, y mucho, fue el cuerpo. Los perros restringidos pesaron en promedio un 26 % menos. Entre los 6 y los 12 años, la grasa corporal media de los que comían a voluntad fue del 29,9 %; la de los otros, del 16,8 %. En la escala de condición corporal —la que va de 1 a 9, la de la nota que sigue— el grupo restringido promedió 4,6 y el control, 6,7. La masa magra, que es lo que sostiene el movimiento cuando el animal ya está viejo, empezó a caer después de los 9 años en un grupo y recién después de los 11 en el otro.

El dato que a un dueño de perro grande le va a doler más está en la artrosis. Cuarenta y tres de los cuarenta y ocho perros la desarrollaron: no es una enfermedad de algunos, es lo que le pasa a un labrador que vive lo suficiente. Lo que cambió fue cuándo. La edad a la que la mitad de cada grupo todavía no requería tratamiento prolongado por artrosis fue de 10,3 años entre los que comían a voluntad y de 13,3 entre los restringidos: tres años. Con cualquier enfermedad crónica pasó lo mismo, con menos margen: 9,9 contra 12,0.

Ahí está la conclusión honesta del trabajo, y no es la que uno esperaría: comer menos no evitó que los perros se enfermaran. Se enfermaron de lo mismo. Lo que se movió fue el calendario.

Los autores cierran con una recomendación de una sola línea: que, a los efectos de la salud y la longevidad, los perros se alimenten de modo de mantener una condición corporal menor a 5. No dice una marca ni una fórmula. Dice un número que se mide con las manos.

Antes de sacar la calculadora conviene anotar los límites, que el estudio no esconde: fueron cuarenta y ocho perros de una sola raza, en una colonia y con control veterinario permanente. Y el «25 % menos» no es una receta trasladable, porque se medía contra lo que había comido el hermano el día anterior y no contra una tabla. La lectura correcta es más aburrida y más útil: entre dos perros iguales, el que se mantuvo flaco llegó más lejos. Y lo flaco no se decide en la góndola: se decide en el pocillo con el que servís todos los días.

  • 48 labradores de siete camadas, seguidos desde las ocho semanas hasta la muerte
  • 25 % menos comida para uno de cada dos hermanos; el alimento, idéntico
  • 1,8 años más de vida mediana: 13,0 contra 11,2
  • 3 años de diferencia en la edad a la que la mitad del grupo aún no necesitaba tratamiento por artrosis

Fuente: Kealy y col., «Effects of diet restriction on life span and age-related changes in dogs», J Am Vet Med Assoc 2002;220:1315-1320.

Fuente: newscenter.purina.com/LifeSpanStudy · penntoday.upenn.edu

Con las manos

El chequeo de dos minutos que no necesita balanza

La escala de condición corporal va de 1 a 9, se lee mirando y tocando, y sirve igual para el perro que para el gato. Es la misma que se usó en el estudio de acá arriba.

La balanza dice cuánto pesa, no de qué está hecho ese peso: dos labradores de treinta kilos pueden estar uno en forma y el otro con varios kilos de grasa encima. Purina lo dice sin vueltas en su guía de condición corporal: pesarlo seguido es buena idea, pero con un perro grande o inquieto se vuelve difícil.

Con el gato hay un truco de casa: alzalo, pesate con él en brazos y restá tu propio peso. La misma guía aclara enseguida que no conviene fiarse sólo de esa cifra.

Lo que hacen los veterinarios en su lugar es una escala de nueve puntos: uno es falta de peso grave y nueve, sobrepeso grave. En el perro lo ideal está entre cuatro y cinco; en el gato, en cinco. Se evalúa sin aparatos, mirando desde dos ángulos y pasando las manos.

  1. Las costillas

    Pasá las dos palmas por la caja torácica, una a cada lado; para él es una caricia. En condición ideal las costillas se palpan con una capa fina de grasa encima: no hace falta hundir los dedos para encontrarlas, y tampoco sobresalen.

  2. El perfil

    Con el animal parado, miralo desde el costado y ponete a su altura: desde arriba la perspectiva engaña. El abdomen, justo delante de las patas traseras, tiene que subir hacia la pelvis. Si va derecho, o cuelga, no está.

  3. Desde arriba

    Miralo desde arriba de su cabeza. Detrás de las costillas tiene que verse una cintura, la silueta de reloj de arena. Si el contorno va recto hasta las caderas, o se ensancha, el número ya se pasó de cinco.

La lámina del Comité de Nutrición Global de la WSAVA pone en palabras cada escalón. Los dos del lado equivocado son los más frecuentes: en un seis las costillas todavía se palpan, pero con un leve exceso de grasa encima; en un siete cuesta palparlas, aparecen depósitos notorios sobre la zona lumbar y la base de la cola, y la cintura desaparece. Esa escala no le es ajena a la casa: en la metodología del estudio de los catorce años, la tabla con la que puntuaron a los perros figura anotada como la de Ralston Purina, St. Louis.

Con el gato hay que ser más prudente, y conviene decirlo porque casi nadie lo dice. La lámina felina de la WSAVA, actualizada en agosto de 2020, lleva al pie una advertencia que la canina no tiene: un seis sobre nueve puede ser aceptable en algunos gatos, sobre todo en los mayores. Y un trabajo australiano de 2018, sobre 2.609 historias clínicas de una veterinaria de Sídney, encontró más riesgo de muerte —comparados con los que llegaron a un seis— entre los gatos que se quedaron en tres, en cuatro o en cinco. Los de nueve también. En el gato la delgadez no es un objetivo en sí misma.

Si el número da alto, el orden importa. Purina insiste en hablar con el veterinario antes de tocar la dieta, porque el sobrepeso puede ser el síntoma de otra cosa. Recién después vienen las medidas aburridas: suspender premios y golosinas por dos semanas —leche para gatos incluida—, que toda la casa cumpla la misma regla y, si hay más de un gato, darle de comer aparte al que está a dieta. Lo que no hay que hacer bajo ningún concepto es hacerlo pasar hambre: en el gato, recortarle más de un 10 o un 15 % de lo que come habitualmente le niega el equilibrio de vitaminas y minerales y puede terminar en lipidosis hepática, una enfermedad del hígado grave y a veces letal.

La baja, además, tiene que ser lenta: puede llevar meses. Y hay una última razón para hacer esto hoy, en la cocina, y no dentro de tres años en la consulta. La nota de Purina sobre artrosis dice que un porcentaje elevado de los perros que tienen artrosis y sobrepeso a la vez dejan de cojear con un simple programa de adelgazamiento. No con un medicamento nuevo: con menos kilos arriba de las mismas articulaciones.

Fuente: purina.com.uy · «¿Cómo evaluar la condición corporal en los perros?», «¿Gato gordo?» y «La artrosis en los perros».

Fuente: WSAVA Global Nutrition Committee, láminas de condición corporal de perro y de gato.

Fuente: Teng y col., J Feline Med Surg 2018;20:1110-1118 · Kealy y col., J Am Vet Med Assoc 2002;220:1315-1320.

El gato

No sos alérgico al pelo. Sos alérgico a la saliva.

El alérgeno principal del gato se llama Fel d 1, sale de la saliva y llega al pelo cuando el animal se lame. Purina pasó más de una década buscando cómo interceptarlo antes de ese paso.

Una de cada cinco personas adultas en el mundo tiene alergia al gato. El número es de Purina, y está en la misma ficha donde está la parte que casi nadie sabe: el pelo no tiene la culpa.

Lo que dispara la reacción son proteínas de la saliva, la orina y la caspa —esas escamas secas de piel que el gato va dejando por la casa—. La principal se llama Fel d 1 y se produce en las glándulas salivales y sebáceas. El gato se acicala, se pasa la lengua por el lomo y con eso se distribuye el alérgeno por encima. Después suelta pelo, y el alérgeno se reparte pegado a ese pelo y a la piel muerta.

De ahí se desprende la segunda mala noticia, que también está en esa página: los gatos hipoalergénicos no existen. Todos producen Fel d 1 —incluso los que no tienen pelo—, sin importar la raza, la edad, el sexo ni si está castrado. Elegir «una raza que no dé alergia» es elegir mal informado.

Nada de esto sería una curiosidad si no tuviera la consecuencia que tiene. La misma página lo dice sin rodeos: la alergia es una razón común por la que se abandonan gatos en refugios, y una barrera para la adopción. La recomendación clásica fue durante décadas evitar al gato o reubicarlo.

La idea que persiguió Purina fue dar vuelta la frase. En palabras del inmunólogo Ebenezer Satyaraj, que dirigió esa línea de investigación: en lugar de limitar la exposición a los gatos, la gente puede limitar su exposición a los alérgenos.

El camino llevó más de una década y terminó en un lugar poco intuitivo: la yema del huevo. Una gallina expuesta al Fel d 1 produce un anticuerpo específico contra esa proteína, que se concentra en la yema. Ese ingrediente, incorporado al alimento, se une al Fel d 1 en la saliva del gato y lo bloquea ahí, antes de que el acicalamiento lo lleve al pelo.

Lo elegante del mecanismo es lo que no hace: no frena la producción de Fel d 1 ni cambia la fisiología del gato. El animal sigue fabricando lo mismo y sigue lamiéndose igual; lo único distinto es que lo que llega al pelo llega inactivado.

Los números salen del estudio que Purina publicó en 2019 en Immunity, Inflammation and Disease. Ciento cinco gatos, diez semanas de dieta. Desde la tercera semana ya había una reducción significativa del Fel d 1 activo en el pelo. A la décima, la baja promedio contra el punto de partida fue del 47 %, con casos del 33 % al 71 %: el 86 % de los gatos bajó al menos un 30 % y la mitad del grupo, al menos un 50 %. En su sitio, Purina resume que el 97 % de los gatos alimentados con el ingrediente mostró niveles más bajos en el pelo y la piel.

Vale ser preciso con lo que ese estudio midió: alérgeno activo en el pelo del gato, no estornudos ni picazón en la persona alérgica. Y reduce el Fel d 1, no lo elimina. En una casa donde alguien reacciona fuerte es una variable menos, no el problema resuelto.

Mientras tanto el resto de la casa sigue existiendo, y ahí las recomendaciones de Purina son menos glamorosas: la ropa con agua tan caliente como aguante la prenda y detergente hipoalergénico, vapor en los muebles porque aspirar no alcanza, y las alfombras —que son las que más caspa acumulan— mejor guardadas. Lo que sí desaconseja de forma explícita es bañar al gato todas las semanas, porque le puede generar problemas de salud.

Fuente: purina.com.uy · ficha de alérgenos del gato y «Alergia a los gatos: 5 tips eficaces para limpiar tu casa».

Fuente: Satyaraj y col., «Reduction of active Fel d1 from cats using an antiFel d1 egg IgY antibody», Immunity, Inflammation and Disease 2019;7:68-73.

El reloj

El perro chico envejece más despacio, y el gato no se arruga

Cuánto vive cada uno, cuándo empieza a ser mayor y qué es lo que de verdad mueve la aguja. En el perro, el tamaño manda; en el gato, la puerta.

Purina ubica el promedio de vida de un perro alrededor de los catorce años, y deja claro que ese promedio esconde la variable más fuerte: cuánto pesa el animal.

Las razas pequeñas, por debajo de los diez kilos, viven entre doce y quince años. Las medianas, de diez a veinticinco kilos, entre diez y quince. Las gigantes, por encima de los cuarenta y cinco —gran danés, terranova, mastín—, quedan entre los seis y los once.

La lista de razas que publica esa nota dice más que cualquier explicación. Galgo italiano, quince años. Shiba inu, jack russell terrier y mestizo de menos de nueve kilos, catorce. Chihuahua, pomerania y schnauzer miniatura, trece. Labrador, cocker spaniel y boston terrier, doce. Bulldog francés y golden retriever, once. San Bernardo, nueve. Leída de corrido dice algo incómodo: el perro grande viene con menos años puestos de fábrica.

De paso, la nota manda al desván la cuenta que todos aprendimos: a la regla de siete años humanos por cada año canino la describe como una técnica popular y la corrige enseguida, porque en doce meses un perro grande «cumple más años» que uno chico. También deja caer, sin subrayarlo, que los mestizos viven más que los de raza pura.

Las etapas que usa Purina son cuatro y son las que ordenan el alimento: cachorro lactante de cero a dos meses, cachorro de dos a doce, adulto de uno a siete años y adulto mayor de siete en adelante. A los siete un perro ya es senior aunque no lo parezca.

Con el gato la película es distinta. No depende tanto del tamaño ni de la raza, y el promedio que da Purina ronda los doce años, con la aclaración de que uno bien cuidado puede llegar a los veinte. Las etapas: adulto de uno a siete años, «gato mayor» desde los siete y «gato viejo» desde los doce. Un gato de doce equivale a una persona de sesenta y cuatro.

Lo que sí mueve la aguja en el gato es la puerta. Los que viven puertas adentro superan con holgura los quince años; el que sale queda expuesto a peleas, envenenamientos, atropellos y extravíos. La contracara, que Purina también dice, es que un gato de interior necesita enriquecimiento ambiental: la vida adentro es más larga sólo si no es más aburrida.

Después están las tres cosas que se repiten en las dos especies y que ningún alimento reemplaza. Chequeo veterinario al menos una vez al año, y cada seis meses en los animales viejos. Control de parásitos. Y los dientes, que es lo que más se pasa por alto: en el gato las encías tienen una irrigación abundante, así que una infección en la boca puede terminar mandando bacterias al hígado o al riñón.

Ninguna de estas cifras es una promesa: son promedios de tabla, y el animal que tenés en el sillón no es un promedio.

  • 14 años es el promedio de vida de un perro según Purina; el tamaño lo corre para los dos lados
  • 7 años: la edad desde la que Purina considera mayor al perro y al gato
  • 15+ años viven los gatos que no salen de la casa

Fuente: purina.com.uy · «Aprendé cuánto vive un perro» y «¿Cuánto vive un gato doméstico?».

La cocina

Lo que no va en el plato

La lista corta de lo que puede lastimar de verdad, y el número que explica cómo engorda un animal que, en teoría, come bien.

Hay una manera silenciosa de arruinar una buena dieta, y no es el alimento: son las sobras. Purina pone el límite en un número que conviene anotar: los snacks, galletas y masticables no deberían pasar del 10 % de las calorías del día.

Y para cuando el veterinario los prohíbe hay una salida simple: guardar una parte de la ración diaria y darla como premio. Es la misma comida, contada dentro del total, y para el perro funciona igual.

Después está la lista de lo que directamente hace daño. El chocolate encabeza: Purina advierte que apenas 85 gramos de chocolate de cocina pueden matar a un perro de tamaño mediano. En la misma lista figuran la cebolla, el ajo, las uvas, las pasas, el ruibarbo, la espinaca y la remolacha. Cosas que hay en cualquier heladera y que a nosotros no nos hacen nada.

La carne cruda parece la opción natural y no lo es: puede traer bacterias y parásitos. Con los huesos la posición de Purina es más dura de lo que uno esperaría. Los de pollo no, nunca, porque se astillan al morderlos. Los trozos chicos y las espinas pueden romper dientes o trabarse en la garganta. Y hasta los huesos grandes de toda la vida los desaconsejan, por el riesgo de oclusión intestinal.

Los suplementos por cuenta propia son el error mejor intencionado de todos. Un perro sano que come un alimento completo y balanceado no necesita agregados: sumar vitaminas y minerales sin mantener la proporción con el resto puede favorecer malformaciones óseas, sobre todo mientras el animal crece.

Con el gato, Purina agrega una precisión que sorprende: las alergias alimentarias son raras en los felinos. Si aparece la sospecha, el camino es el veterinario y una dieta estricta para confirmarla o descartarla.

Del lado de lo que sí, la nota felina deja una lista corta de lo que un gato puede aceptar de manera ocasional: pollo, huevo, un poco de banana por el potasio y verduras cocidas —brócoli y zanahoria— que aportan fibra y ayudan con las bolas de pelo. Con dos condiciones que subraya: siempre cocido, y nunca como alimentación diaria.

Nada de esto es una lista de prohibiciones por deporte. Es la otra mitad de la nota que abrió esta edición: si lo que separó a dos grupos de hermanos fue un 25 % de comida, la puerta por la que entra ese 25 % de más casi nunca es el plato. Es la mano que pasa por la mesa.

Fuente: purina.com.uy · «Algunos alimentos dañinos para perros» y «Conoce algunos de los alimentos prohibidos para gatos».

Las líneas

Qué come tu perro

Las seis líneas de la casa —y, en dos de ellas, también tu gato—, con lo único que hace falta para saber cuál es la tuya.

Sin precios de lista y sin botón de comprar: esto es para entender, no para decidir acá. El precio por kilo está porque es la única medida que permite comparar bolsas de distinto tamaño.

Envase de Pro Plan

01 Perros

Pro Plan

La más específica

Cada fórmula apunta a una etapa y un tamaño concretos —y también hay para gato, incluida una urinaria—, no a «perro» en general. Es la línea a mirar cuando ya sabés qué necesita y querés afinar.

Etapas
Cachorro · Adulto · Edad madura · Castrado · Necesidades especiales
Porte
Raza pequeña · Raza mediana · Raza grande
Precio por kilo
desde $222 el kilo
Envase de Dog Chow

02 Perros

Dog Chow

El de todos los días

La línea de mantenimiento de la casa: cachorro, adulto y edad madura, con opciones por tamaño. Es la que más se repite en los pedidos, y por algo.

Etapas
Cachorro · Adulto · Edad madura
Porte
Raza pequeña · Raza mediana · Raza grande
Precio por kilo
desde $145 el kilo
Envase de Excellent

03 Perros

Excellent

La de indicación veterinaria

Cubre perro y gato, con fórmulas de mantenimiento y para gatito. Útil en casas con los dos, donde comprar de la misma línea simplifica.

Etapas
Cachorro · Adulto
Precio por kilo
desde $160 el kilo
Envase de Cat Chow

04 Perros

Cat Chow

Para el gato de casa

Carne o pescado, en tres tamaños de envase. El de 15 kg rinde bastante más por kilo si tenés más de un gato o espacio para guardarlo.

Etapas
Adulto
Precio por kilo
desde $226 el kilo
Envase de Dogui

05 Perros

Dogui

Recetas caseras

La opción más accesible de la casa, pensada para el perro sin requerimientos especiales.

Etapas
Adulto
Precio por kilo
desde $100 el kilo
Envase de Gati

06 Perros

Gati

La entrada para gato

El equivalente de Dogui del lado felino: alimento diario, sin vueltas.

Etapas
Adulto
Precio por kilo
desde $166 el kilo

Del otro lado

La oficina con perros

Purina lleva años empujando que las mascotas entren a los lugares de trabajo. No es marketing: hay algo bastante concreto detrás.

El argumento que usan es simple: los empleados que llevan su mascota al trabajo muestran menos signos de estrés, y la presencia del animal hace más fácil acercarse a alguien que no conocés. Un perro en el pasillo es una excusa para hablar.

Más de la mitad de la gente que quiere una oficina pet friendly está dispuesta a organizarlo ella misma. Suele trabarse en lo mismo de siempre: quién limpia, qué pasa con las alergias, dónde toma agua.

No cambia en nada qué bolsa comprar. Pero es la clase de cosa que uno se acuerda de una marca, y por algo la sostienen hace años.

Fuente: purina.com.uy

Para terminar

Qué mirar antes de decidir

  1. La etapa, primero

    Cachorro, adulto o edad madura. Es lo que más cambia la fórmula, y con eso solo ya quedan dos o tres opciones en vez de veinte.

  2. El tamaño de la raza

    Cambia el tamaño de la croqueta y, en las líneas más específicas, también la fórmula. Un perro chico con croqueta grande la traga entera.

  3. El precio por kilo

    Es el único número que permite comparar una bolsa de 3 kg con una de 21 sin equivocarse. En cada ficha del catálogo está calculado.

Ver el alimento para perros del catálogo